Debate sobre emprendimiento

El 14 de febrero se publicó la columna de Eugenio Tironi: “Mark & Steve“, en la que analizó las distintas motivaciones que tuvieron tanto Steve Jobs, por Apple, y Mark Zuckerberg, por Facebook, para emprender sus negocios. La columna, no ha estado exenta de polémica, desatando un fuerte debate en las redes sociales y en las cartas al editor de “El Mercurio”, sobre las reales intenciones  y las capacidades que tuvieron estos “genios” contemporáneos para emprender.

Por su parte, Tironi afirma que la red social nace del rencor que tuvo Zuckerberg por su ex novia y no gracias a las enseñanzas a las que tuvo acceso en la universidad de Harvard. En el caso de Steve Jobs, su propósito era demostrar que él era capaz, pese a no contar con la posibilidad de poder pagar una universidad, y por las trancas  de su niñez, al haber sido dado en adopción por sus padres biológicos.

A continuación, te invitamos a leer la columna de Eugenio y las cartas enviadas a “El Mercurio”.

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“Mark & Steve”

Por Eugenio Tironi.- Siempre sospeché del discurso acerca del “emprendimiento” y la “innovación” de los gurús del management . Nunca creí que fuesen aptitudes que se puedan fabricar o entrenar sobre la base de cursos, seminarios y coaching . Tampoco, desde luego, que el impulso para quebrar la inercia, crear algo nuevo, conseguir adhesión y conformar organizaciones que lo materialicen brote del mero marco institucional -por ejemplo, la competencia, el acceso a capital o la cercanía a universidades-. Ayudan, desde luego, pero siempre pensé que había otros factores más profundos para la innovación y el emprendimiento, y que son pasados por alto por el fastidioso discurso oficial.

Cuando vi “Redes sociales”, el filme de David Fincher, esas aprensiones me parecieron justificadas. Él trata sobre la invención de Facebook por el estudiante de Harvard Mark Zuckerberg. ¿Qué lo condujo, según el filme, a la creación de un dispositivo que ha cambiado las relaciones humanas? Nada que aprendiera en las aulas de la universidad. Nada, tampoco, que tuviese que ver con el entorno competitivo, o el deseo de ganar dinero, poder o influencia. Lo que lo impulsó fue el despecho. Inventó Facebook para demostrar de cuánto él era capaz a su ex novia, Erika, quien lo había “pateado” por nerd , y de paso humillar a las mujeres. O sea, ni siquiera fue el amor; fue el rencor, algo bastante menos noble. Luego, lo que le hizo seguir adelante contra viento y marea, incluso quebrando con sus mejores amigos, fue otro sentimiento que tiene poco que ver con lo que se enseña en los MBA: el deseo de terminar con la discriminación de la que se sentía objeto en Harvard por ser judío.

Por lo dicho, siempre me molestó la apelación a Steve Jobs en todo texto o discurso sobre innovación y emprendimiento que se emita en el planeta. No podía ser -pensaba- que la revolución encarnada por Apple fuese fruto de un mesías. O de un entorno tan insulso como Silicon Valley. Tenía que haber algo más. La sospecha me llevó a hincarle el diente a la biografía encargada por Jobs a Walter Isaacson, publicada poco después de su muerte. La que terminó por corroborar lo que intuía: que en el caso de Jobs, al igual que en el de Zuckerberg, los factores biográficos y emocionales son claves para comprender su obra.

Como es sabido, Jobs fue un hijo abandonado por sus padres, una joven descendiente de alemanes y un profesor de ciencia política sirio. Fue adoptado por una pareja formada por un ingeniero apasionado por la mecánica, y una dueña de casa. La relación con ambos fue excelente, pero no por ello dejó de interrogarse sobre aquello que se pregunta todo hijo adoptado, cuando brota la necesidad de constituir una identidad propia: saber por qué fue abandonado por sus padres biológicos. Jobs nunca encontró la respuesta, y esto explica por qué la búsqueda de su propia identidad guió su vida hasta el día su muerte.

De hecho, Jobs decía a sus amigos que su vida estaba movida por la pena de haber sido entregado en adopción y no saber nada acerca de sus padres: lo necesitaba -agregaba- para poder conocerse a sí mismo. Ensayó todo tipo de sucedáneos: las drogas, el budismo, las terapias alternativas, el sexo libre, las dietas vegetarianas. Ya adulto se reencontró con su madre biológica y con su hermana; pero se negó a hacerlo con su padre.

Sobre Jobs se han destacado su búsqueda de reconocimiento, su incapacidad de ponerse en el lugar de los demás, su deslealtad hacia los pares, su indiferencia a la mentira, su manía perfeccionista, su permanente fuga hacia delante. ¿Son los rasgos de un genio, o de la ecología capitalista americana? No; son los rasgos de un niño abandonado que busca los ojos de su madre. Ellos le ayudaron a Jobs a crear Apple; tal como el rencor condujo a Zuckerberg a inventar Facebook.

Haz click aquí para leer las cartas enviadas a “El Mercurio”.

Imagen extraída de: http://rinconapple.com/3606/mark-zuckerberg-asegura-que-steve-jobs-le-dio-consejos-para-manejar-facebook/
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